Juan Santana Macías (Gran Canaria, 18-1-1926), conocido en el mundo del
fútbol por 'Macías', ha fallecido en la jornada de hoy a los 87 años de
edad. Macías fue el primer jugador de Las Palmas en su fundación. Los
restos mortales de Macías descansan en el Tanatorio de Fucasa (Calle
Arguineguin, 24. Polígono Industrial Lomo Blanco), donde serán
incinerados a las 17.00 horas este lunes.
Macías, según apunta la web oficial del club, comenzó a jugar en el
Español en el Campo de Fuentes compartiendo su pasión con futbolistas de
la talla de Hernández 'Lobito Negro' o Alfonso Silva. A los 17 años
ingresa en el Atlético Club presidido por César Muñoz y que entrenaba el
ex secretario general de la UD Las Palmas, Jesús García Panasco, desde
donde pasó al CD Gran Canaria.
El CD Gran Canaria y el Arenas se unen en la primera parte de la fusión
que tendría como fruto la creación de un nuevo club: la Unión Deportiva
Las Palmas. Don Luis Rivero Noble, miembro directivo del Gran Canaria y
uno de los representantes de la ponencia de la fusión llamó a su casa
al joven Macías para comunicarle que iba a convertirse en el primer
jugador de la recien creada UD Las Palmas por lo que de esa forma
entraba en la leyenda del 'Equipo único'.
Poco después fue llamado junto a otros destacados futbolistas
seleccionados para participar en el primer entrenamiento de la historia
de la Unión Deportiva Las Palmas bajo las órdenes de Francisco
Arencibia.
Macías no se alejó nunca de su querida UD Las Palmas a la que siguió
hasta el último partido de la recién finalizada temporada e incluso fue
parte importante de la Campaña de abonados 2011-2012 junto a otros
brillantes nombres de la historia del club.
domingo, 7 de julio de 2013
El "sevillismo" de Tonono

Tonono se fue al cielo...
...
y en su chaqueta seguía luciendo, cerca, cerquita del corazón, como
desde hacía tres años, el escudo de un equipo de fútbol, el Sevilla Fútbol Club.
Se lo había prometido a su gran amigo Enrique, en una de aquellas largas concentraciones de selección en las que nunca se separaban. Y Antonio, Tonono, además de un futbolista gigante, era un hombre cabal, de esos que cumplen la palabra dada.
Se lo había prometido a su gran amigo Enrique, en una de aquellas largas concentraciones de selección en las que nunca se separaban. Y Antonio, Tonono, además de un futbolista gigante, era un hombre cabal, de esos que cumplen la palabra dada.
"Hasta que el Sevilla vuelva a Primera, llevaremos este escudo en la solapa".
Era un pin del Sevilla Fútbol Club, el equipo en que jugaba su querido Enrique Lora, un verdadero clásico del fútbol español al que Tonono admiraba y respetaba.
La amistad, camaradería, entre estos dos fenómenos del balompié hispano comenzó a forjarse en la selección, desde que Tonono apadrinase al centrocampista de las marismas para protegerlo, mimarlo, cuando éste fue llamado por Kubala, y se orquestó aquella campaña mediática que quiso ver en la convocatoria de Enrique un impuesto al seleccionador nacional.
Luego una larga concentración en los pinares de Oromana, preparando aquel decisivo partido eliminatorio contra Rusia, y un verano juntos, en 1973, con la familia, recorriendo Sevilla bajo cuarenta grados durante las vacaciones, acabaron por sellar el vínculo entre estos grandes compañeros. Tonono se había quedado prendado con el rostro de la Esperanza Macarena, cuando pudo contemplarla de cerca, en su camarín, cara a cara.
Por eso, y por algunas otras cosas más, cuando el fútbol quiso llevarse al Sevilla a los sótanos de la Segunda División, Tonono le dijo a su amigo Enrique que llevaría en la solapa el escudo del Sevilla hasta que éste retornase a la categoría que le correspondía, la de los más grandes del fútbol español.
Era un pin del Sevilla Fútbol Club, el equipo en que jugaba su querido Enrique Lora, un verdadero clásico del fútbol español al que Tonono admiraba y respetaba.
La amistad, camaradería, entre estos dos fenómenos del balompié hispano comenzó a forjarse en la selección, desde que Tonono apadrinase al centrocampista de las marismas para protegerlo, mimarlo, cuando éste fue llamado por Kubala, y se orquestó aquella campaña mediática que quiso ver en la convocatoria de Enrique un impuesto al seleccionador nacional.
Luego una larga concentración en los pinares de Oromana, preparando aquel decisivo partido eliminatorio contra Rusia, y un verano juntos, en 1973, con la familia, recorriendo Sevilla bajo cuarenta grados durante las vacaciones, acabaron por sellar el vínculo entre estos grandes compañeros. Tonono se había quedado prendado con el rostro de la Esperanza Macarena, cuando pudo contemplarla de cerca, en su camarín, cara a cara.
Por eso, y por algunas otras cosas más, cuando el fútbol quiso llevarse al Sevilla a los sótanos de la Segunda División, Tonono le dijo a su amigo Enrique que llevaría en la solapa el escudo del Sevilla hasta que éste retornase a la categoría que le correspondía, la de los más grandes del fútbol español.
Palabras de Enrique a su admirado Tonono:

El 9 de junio de 1975, se iría Antonio Afonso Moreno, el hombre, y Tonono, el futbolista, víctima de una súbita y letal hepatitis vírica.
Rozaba los treinta y dos años, y aún le quedaban unos cuantos más para seguir dando rienda suelta a ese fútbol de seda, elegante, cadencioso, que le convirtió en el mejor líbero de su época, junto con el kaiser alemán Franz Beckenbauer.

Siempre será recordado como la figura máxima de aquella legendaria Unión Deportiva Las Palmas de los Guedes, Germán, Castellano, etc.
Y como ese perenne internacional con 22 presencias internacionalidades a sus espaldas, batiendo un record aún hoy no igualado por ningún otro jugador canario.
En Sevilla se organizó rápidamene una misa en la Basílica de la Macarena, aquel lugar donde Tonono conoció a la verdadera Madre de Dios, antes de reunirse con ella en su Gloria.
Y asimismo en Sevilla surgió la iniciativa de erigirle un monumento en su Arucas natal.
Al recordar la figura de Tonono con ocasión de su muerte, contaba Enrique Lora algo realmente impresionante:

Tonono había cumplido su promesa hasta el último aliento de su vida.
El asombro del Káiser
El 30 de agosto de 1972 se batían cuatro
plusmarcas mundiales y veintitrés récords olímpicos en una histórica
jornada de natación olímpica, Pavel Nedved nacía en Cheb y John Lennon
grababa Live in New York City en el Madison Square Garden. Ese mismo día
Bobby Fischer y Boris Spassky terminaban en tablas la vigésima partida
por el título mundial de ajedrez, Butano anunciaba el sorteo de
veinticuatro Seat 600 entre todos los españoles que compraran un
calentador a gas y en el Insular de Las Palmas el equipo local se
enfrentaba al Bayern de Múnich. El partido, el tercer encuentro de un triangular
entre la Unión Deportiva Las Palmas, el Standard de Lieja y el campeón
alemán, despertó mucha expectación. No era para menos: el Bayern era uno
de los mejores equipos del continente (esa temporada sería eliminado
por el Ajax en los cuartos de final de la Copa de Europa, pero
conquistaría las tres ediciones siguientes) y contaba entre sus filas
con varios integrantes de la selección alemana que se había proclamado
campeona de Europa hacía poco más de dos meses. Pero por encima de todo
el Bayern era el equipo de Franz Beckenbauer.
Nacido en Arucas en 1943, Antonio Alfonso Moreno, Tonono, era toda una institución en el club isleño y su fantástica actuación ante el conjunto bávaro no había sorprendido a los espectadores del partido. El público español ya sabía de qué era capaz el central canario. Como el astro alemán al que tanto impresionó, Tonono lideraba su equipo desde el eje de la zaga, respondiendo en cierta medida al mismo perfil de líbero carismático y elegante que Beckenbauer había popularizado. Con el balón en los pies el virtuosismo del canario no alcanzaba al del Káiser pero tenía sus recursos. Ofrecía una salida precisa desde atrás, siempre buscando la zurda de Juan Guedes en el eje del mediocampo, y de vez en cuando se permitía alguna cabalgata desafiante hasta la frontal del área contraria, como aquellas que desembocaron en los dos únicos goles que atestigua su carrera (frente al Atlético de Madrid y el Celta de Vigo). Fino y sereno en el trato con la pelota, hasta ahí llegaba la relación de Tonono con la estampa más característica del futbolista canario: lo suyo no era tanto atacar con fantasía como defender con eficacia. Brillante en la lectura y la ejecución de las acciones defensivas, garante de la consistencia de su equipo, gustaba de emparejarse con un central más contundente que se encargara de encimar (Paco Castellano en la Unión Deportiva y Gallego en la selección española) mientras él, cabeza erguida y ojo avizor, le cubría las espaldas y corregía cualquier desajuste donde fuera que se produjese. Uno de los mejores centrales de su tiempo, Tonono desplegaba un talento defensivo enorme y un gesto infranqueable.
Si algo definía al canario era el quite. Hoy llamamos técnica defensiva a lo que a finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando el fútbol no contaba todavía con un campo semántico tan esclarecedor como el de hoy en día, parecía magia en los pies del central de Arucas. El atacante rival, confiado en su conducción hacia la portería canaria, perdía antes el balón que el entusiasmo por la ocasión venidera. Cuando se daba cuenta Tonono ya le había entrado y la pelota había cambiado de aires. Sin roce, sin segada, sin preaviso. En 379 partidos de liga con la Unión Deportiva, el único club que conoció como profesional, Tonono sólo recibó una tarjeta blanca (esas luego se volverían amarillas) y una tarjeta roja (en lo que las crónicas definieron como un partido “muy bronco” ante el Sabadell). Hay quien dice que, en honor a la prestigiosa marca de relojes suizos tan en boga en esa época, a Tonono le llamaban el Omega canario por la precisión de su juego. Otros justifican el mismo símil adjudicándolo a la regularidad del futbolista, fijo incuestionable en los onces de la Unión Deportiva partido tras partido, temporada tras temporada, siempre a un nivel altísimo, fiable como la alta relojería. Pero atendiendo a los relatos sobre sus quites asombrosos no se puede descartar que el apodo ahondara en el inconsciente de la afición, rescatando de entre sus referencias más enraizadas la última letra del antiguo alfabeto griego como símbolo ancestral del fin que pone límite a todas las cosas. Las jugadas del rival, como las del Bayern el 30 de agosto de 1972, finalizaban con la intervención de Tonono.
La mirada penetrante de legendario central canario se apagó el 9 de junio de 1975. Hepatitis fulminante. El jugador tenía 31 años y había disputado su último partido tan sólo nueve días atrás, un encuentro de Copa ante el Málaga. La tragedia sacudió Las Palmas y todo el fútbol español, que cuatro años antes ya había despedido demasiado pronto a otra gran figura amarilla, el capitán Guedes, a causa de un cáncer. Íntimo amigo suyo (habían compartido vestuario desde juveniles), Tonono había heredado entonces con pesar el brazalete de capitán, ilustrando de este modo la autoridad que siempre había ejercido desde el fondo de la formación grancanaria. El aruquense disputó 436 partidos oficiales en sus trece temporadas vistiendo el amarillo de la Unión Deportiva Las Palmas, con el que se paseó por Europa y estuvo cerca de conquistar la liga en la era dorada del club. También jugó 22 partidos con la selección española, a la que llegó a capitanear, y fue el canario que más veces vistió la camiseta roja hasta la irrupción de los apretujados calendarios modernos y los Juan Carlos Valerón, David Silva y Pedro Rodríguez, últimos depositarios del testimonio de aquel central isleño
que un 30 de agosto de 1972 asombró al mejor líbero del mundo.
El alemán, que ese mismo año ganaría su
primer Balón de Oro, encandiló al público canario con una excelente
actuación. Gran estrella de su club y su selección, por entonces todavía
estaba fraguando su leyenda pero ya era una de las figuras más
aclamadas en el panorama futbolístico internacional. Había ganas de ver a
Beckenbauer en Las Palmas y no defraudó.
El Káiser lideró a un Bayern poderoso que firmó un gran primer tiempo
ante la Unión Deportiva. Solo faltaba el gol, y fue el propio
Beckenbauer el que asistió primero a Gerd Müller y luego a Edgar
Schneider en el primer cuarto de hora de la segunda parte. Con el 0-2 en
el marcador el equipo alemán se relajó sin perder el control del
encuentro pero una jugada aislada de Germán Dévora colocó el 1-2 en el
marcador e inflamó la moral de los suyos, que buscaron sin éxito el
empate en un emocionante final de partido que rubricó una jornada
memorable en el Insular. Las crónicas de la época se maravillaron ante
la demostración del Bayern y reservaron elogios selectos para
Beckenbauer, abordado por una nube de entusiastas periodistas locales
tras el pitido final. Cuentan que le preguntaron si se consideraba el
mejor líbero del mundo y que él respondió que no lo sabía, pero que en
Las Palmas había uno que era buenísimo. El partido de Tonono,
fastidiando una vez tras otra los ataques del Bayern, había asombrado a
Beckenbauer.
Nacido en Arucas en 1943, Antonio Alfonso Moreno, Tonono, era toda una institución en el club isleño y su fantástica actuación ante el conjunto bávaro no había sorprendido a los espectadores del partido. El público español ya sabía de qué era capaz el central canario. Como el astro alemán al que tanto impresionó, Tonono lideraba su equipo desde el eje de la zaga, respondiendo en cierta medida al mismo perfil de líbero carismático y elegante que Beckenbauer había popularizado. Con el balón en los pies el virtuosismo del canario no alcanzaba al del Káiser pero tenía sus recursos. Ofrecía una salida precisa desde atrás, siempre buscando la zurda de Juan Guedes en el eje del mediocampo, y de vez en cuando se permitía alguna cabalgata desafiante hasta la frontal del área contraria, como aquellas que desembocaron en los dos únicos goles que atestigua su carrera (frente al Atlético de Madrid y el Celta de Vigo). Fino y sereno en el trato con la pelota, hasta ahí llegaba la relación de Tonono con la estampa más característica del futbolista canario: lo suyo no era tanto atacar con fantasía como defender con eficacia. Brillante en la lectura y la ejecución de las acciones defensivas, garante de la consistencia de su equipo, gustaba de emparejarse con un central más contundente que se encargara de encimar (Paco Castellano en la Unión Deportiva y Gallego en la selección española) mientras él, cabeza erguida y ojo avizor, le cubría las espaldas y corregía cualquier desajuste donde fuera que se produjese. Uno de los mejores centrales de su tiempo, Tonono desplegaba un talento defensivo enorme y un gesto infranqueable.
Si algo definía al canario era el quite. Hoy llamamos técnica defensiva a lo que a finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando el fútbol no contaba todavía con un campo semántico tan esclarecedor como el de hoy en día, parecía magia en los pies del central de Arucas. El atacante rival, confiado en su conducción hacia la portería canaria, perdía antes el balón que el entusiasmo por la ocasión venidera. Cuando se daba cuenta Tonono ya le había entrado y la pelota había cambiado de aires. Sin roce, sin segada, sin preaviso. En 379 partidos de liga con la Unión Deportiva, el único club que conoció como profesional, Tonono sólo recibó una tarjeta blanca (esas luego se volverían amarillas) y una tarjeta roja (en lo que las crónicas definieron como un partido “muy bronco” ante el Sabadell). Hay quien dice que, en honor a la prestigiosa marca de relojes suizos tan en boga en esa época, a Tonono le llamaban el Omega canario por la precisión de su juego. Otros justifican el mismo símil adjudicándolo a la regularidad del futbolista, fijo incuestionable en los onces de la Unión Deportiva partido tras partido, temporada tras temporada, siempre a un nivel altísimo, fiable como la alta relojería. Pero atendiendo a los relatos sobre sus quites asombrosos no se puede descartar que el apodo ahondara en el inconsciente de la afición, rescatando de entre sus referencias más enraizadas la última letra del antiguo alfabeto griego como símbolo ancestral del fin que pone límite a todas las cosas. Las jugadas del rival, como las del Bayern el 30 de agosto de 1972, finalizaban con la intervención de Tonono.
La mirada penetrante de legendario central canario se apagó el 9 de junio de 1975. Hepatitis fulminante. El jugador tenía 31 años y había disputado su último partido tan sólo nueve días atrás, un encuentro de Copa ante el Málaga. La tragedia sacudió Las Palmas y todo el fútbol español, que cuatro años antes ya había despedido demasiado pronto a otra gran figura amarilla, el capitán Guedes, a causa de un cáncer. Íntimo amigo suyo (habían compartido vestuario desde juveniles), Tonono había heredado entonces con pesar el brazalete de capitán, ilustrando de este modo la autoridad que siempre había ejercido desde el fondo de la formación grancanaria. El aruquense disputó 436 partidos oficiales en sus trece temporadas vistiendo el amarillo de la Unión Deportiva Las Palmas, con el que se paseó por Europa y estuvo cerca de conquistar la liga en la era dorada del club. También jugó 22 partidos con la selección española, a la que llegó a capitanear, y fue el canario que más veces vistió la camiseta roja hasta la irrupción de los apretujados calendarios modernos y los Juan Carlos Valerón, David Silva y Pedro Rodríguez, últimos depositarios del testimonio de aquel central isleño
que un 30 de agosto de 1972 asombró al mejor líbero del mundo.
sábado, 6 de julio de 2013
CB Gran Canaria renuncia a la Eurocup.
El Club Baloncesto Gran Canaria no estará presente en la edición 2013-14 de la Eurocup. Así lo ha anunciado a través de un comunicado donde lamenta que sus esfuerzos a la hora de la búsqueda de patrocinios de cara a la competición europea no hayan obtenido resultado. Así, desde el club aseguran renunciar a "un torneo de gran prestigio que hubiese servido de escaparate para la Isla de Gran Canaria por toda Europa" y declaran: "Es
muy duro que lo logrado en la cancha no haya tenido el refrendo de la
participación por un motivo exclusivamente económico y lamentamos que
nuestros aficionados no puedan disfrutar de ver competir a su equipo con
otras grandes escuadras europeas".
Han apuntado a la situación económica y recortes obligados del presupuesto, sin el respaldo económico suficiente para no tener "efectos negativos como los que han sufrido otros equipos en el pasado". Desde el club han señalado la falta de compromiso del Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Las Palmas, además de otras empresas privadas, como principal motivo de esta renuncia, y han asegurado que continúa trabajando en la búsqueda de nuevos patrocinadores para fortalecer su estructura, además de la confianza en el traslado a un nuevo pabellón como incentivo para nuevos patrocinios.
Han apuntado a la situación económica y recortes obligados del presupuesto, sin el respaldo económico suficiente para no tener "efectos negativos como los que han sufrido otros equipos en el pasado". Desde el club han señalado la falta de compromiso del Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Las Palmas, además de otras empresas privadas, como principal motivo de esta renuncia, y han asegurado que continúa trabajando en la búsqueda de nuevos patrocinadores para fortalecer su estructura, además de la confianza en el traslado a un nuevo pabellón como incentivo para nuevos patrocinios.
El hombre de la gorra azul y amarilla.
Lleva varias temporadas aguantando las bromas de quienes se acercan cada
tarde a merendar. Viven casi todos en la calle o en condiciones de
extrema pobreza. No han tenido suerte en la vida. Debe tener casi
setenta años y siempre llega con su gorra de la Unión Deportiva Las
Palmas, aunque no sé cómo se llama.
Yo a esa hora paso cerca de donde ellos se encuentran y escucho lo que dicen antes de entrar a la parroquia que les ofrece esa comida vespertina que les ayuda a llegar a la noche o a bajar los efectos del alcohol de garrafón al que están enganchados muchos de ellos.
Saben de fútbol, y los mayores pontifican poniendo como ejemplo a Alfonso Silva, a Guedes o a Germán. Ese hombre lleva años aguantando burlas por su fidelidad amarilla. Ahora llega ufano y sonriente casi todos los lunes. Cualquiera que lo viera podría decir que ha sido el autor de los goles de la Unión Deportiva. No los ha marcado, pero su alegría seguro que no tiene nada que envidiar a los gritos de Vitolo o de Thievy cuando logran batir al portero del conjunto contrario. Ya no tiene que bajar la cabeza cuando le dicen que el equipo no vale un duro o que los jugadores son unos gandules. Ahora es él quien desafía a los otros exhibiendo en todo momento el amarillo y azul de su gorra de plato. Creo que es lo único que se mantiene limpio y poco desgastado en su vestimenta. Cada vez que gana Las Palmas me acuerdo de él, lo imagino viendo el partido al borde del infarto y luego saltando o maldiciendo la suerte por las calles en las que malvive tratando de encontrar cada noche un portal o unos cartones donde cobijarse.
En el fondo, casi todos sus compañeros de merienda son igual de aficionados a Las Palmas, aunque con tal de hacerlo rabiar lo llevan molestando hace años cada vez que el equipo pierde o tiene un mal encuentro
El otro día hablaba de los viejos y de su deseo de ver a la Unión Deportiva en Primera antes de morir; pero esa alegría, cuando acontece, se multiplica todavía más en quienes no tienen absolutamente nada. Ese hombre seguro que hoy anda por las calles algo aliquebrado; pero la próxima temporada volverá a cantarle las cuarenta a todo aquel que se le ocurra bromear con los colores o el escudo de su gorra.
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Yo a esa hora paso cerca de donde ellos se encuentran y escucho lo que dicen antes de entrar a la parroquia que les ofrece esa comida vespertina que les ayuda a llegar a la noche o a bajar los efectos del alcohol de garrafón al que están enganchados muchos de ellos.
Saben de fútbol, y los mayores pontifican poniendo como ejemplo a Alfonso Silva, a Guedes o a Germán. Ese hombre lleva años aguantando burlas por su fidelidad amarilla. Ahora llega ufano y sonriente casi todos los lunes. Cualquiera que lo viera podría decir que ha sido el autor de los goles de la Unión Deportiva. No los ha marcado, pero su alegría seguro que no tiene nada que envidiar a los gritos de Vitolo o de Thievy cuando logran batir al portero del conjunto contrario. Ya no tiene que bajar la cabeza cuando le dicen que el equipo no vale un duro o que los jugadores son unos gandules. Ahora es él quien desafía a los otros exhibiendo en todo momento el amarillo y azul de su gorra de plato. Creo que es lo único que se mantiene limpio y poco desgastado en su vestimenta. Cada vez que gana Las Palmas me acuerdo de él, lo imagino viendo el partido al borde del infarto y luego saltando o maldiciendo la suerte por las calles en las que malvive tratando de encontrar cada noche un portal o unos cartones donde cobijarse.
En el fondo, casi todos sus compañeros de merienda son igual de aficionados a Las Palmas, aunque con tal de hacerlo rabiar lo llevan molestando hace años cada vez que el equipo pierde o tiene un mal encuentro
El otro día hablaba de los viejos y de su deseo de ver a la Unión Deportiva en Primera antes de morir; pero esa alegría, cuando acontece, se multiplica todavía más en quienes no tienen absolutamente nada. Ese hombre seguro que hoy anda por las calles algo aliquebrado; pero la próxima temporada volverá a cantarle las cuarenta a todo aquel que se le ocurra bromear con los colores o el escudo de su gorra.
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